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Conjunto monumental en Monforte de Lemos. formado por los restos del Castillo, la torre del homenaje, desde la que se puede contemplar unas excelentes vistas del valle de Lemos, el monasterio de San Vicente del Pino y el Palacio de los Condes de Lemos. Estos dos últimos albergan el parador nacional de Monforte de Lemos.
Situación:
Dentro del casco urbano de Monforte de Lemos en la plaza de Luís de Góngora y Argote.
Horario de visitas:
El palacio y el Monasterio pueden visitarse todos los días, para visitar la torre del homenaje es mejor consultar en la Oficina de Información y Turismo, Tlf. 982 404 715.
Más información:
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A la part més alta de la vil•la de Monforte de Lemos trobem el Conjunt Monumental de San Vicente del Pino, constituït per la Torre d’Homenatge, el Monestir de San Vicente do Pino i el Palau dels Comptes de Lemos; aquests dos últims contenen les instal•lacions del Parador de Monforte.
L’origen del monestir data del segle IX, tot i que l’edifici actual, que substitueix una altra construcció anterior, es va construir el segle XVII en estil neoclàssic. L’edifici del monestir compta amb un claustre central neoclàssic d’obra de pedra picada molt ben treballada i que ofereix el major interès arquitectònic del monument.
El monestir s’ha convertit després de la seva restauració en un hotel amb 50 habitacions, distribuïdes al voltant del claustre central i un edifici annex denominat “Casa del Monte fuerte” amb capacitat total per a 100 places.
Via: Paradores.es
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Las actuaciones se centrarán principalmente en los muros, las bóvedas y el suelo de una parte del templo.
La Dirección Xeral de Patrimonio invertirá 382.000 euros en el proyecto de rehabilitación de la iglesia monfortina de San Vicente del Pino, que saldrá a licitación antes de finalizar el año, según las previsiones de este departamento. Por ahora Patrimonio no ha especificado los plazos previstos para la ejecución de las obras, que constituirán la primera intervención que se realice en la iglesia con el fin de acometer reparaciones sustanciales en su estructura.
La cubierta del edificio fue renovada totalmente hace cuatro años -una mejora que costó en torno a 300.000 euros-, pero ello no eliminó los múltiples deterioros que viene padeciendo la iglesia desde hace décadas. El copárroco César Carnero, autor de un informe técnico en el que se ha basado Patrimonio para elaborar el plan de rehabilitación, señala que estas obras no resolverán todos los problemas del monumento, pero supondrán un paso fundamental para garantizar su conservación. «O que se vai facer agora é unha primeira fase que se centrará na zona do cruceiro e da cabeceira da igrexa e despois habería que pensar en restaurar tamén a nave central, os muros exteriores e o patrimonio moble que se garda no edificio», precisa.
La restauración, por lo tanto, seguirá los mismos pasos que el proceso de construcción de la iglesia entre los siglos XVI y XVII, que comenzó también por la cabecera. Mientras se llevan a cabo las obras de esta primera fase, los oficios religiosos ordinarios y las festividades tradicionales que alberga habitualmente esta iglesia seguirán celebrándose en la nave central. «Haberá menos espazo, pero as actividades propias da igrexa poderán seguir desenvolvéndose con normalidade», señala Carnero. «O que non vai ser posible é celebrar vodas ou funerais que vaian reunir a moita xente, que se trasladarán á igrexa da Régoa mentres se realizan as obras», agrega.
Posibles visitas
Por otra parte, César Carnero apunta la posibilidad de organizar visitas guiadas en las que se explicaría al público en qué consisten los trabajos de restauración y cómo se llevan a cabo. «É unha cuestión que aínda temos que estudar, pero sería moi interesante que a xente puidese seguir directamente as operacións a medida que avanzan, como xa se ten feito nas restauracións doutros edificios históricos, como a catedral de Vitoria», comenta. A su juicio, estas visitas no sólo servirían para mejor el conocimiento general sobre el valor artístico e histórico del edificio, «senón para que a xente se decate de que conservar estas construcións é algo que require traballos importantes e complicados e que non basta con basta con facer unha obra de restauración, senón que tamén hai que preocuparse constantemente por mantelos en bon estado», añade.
Via: La Voz de Galicia
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El Duende sufre cuando por mala memoria no puede citar la fuente. Y pide a algún lector cinéfilo que le ayude a localizar a un personaje de película. Era una del oeste, muy buena, y con su puntito de humor. Quizás de John Ford. En muchas secuencias recurrentes, un director de periódico cascarrabias llega a su redacción indignado por lo que acaba de escuchar o ver en la calle o en saloon. Y, sistemáticamente, después de comentarlo con su ayudante, dicta un editorial furibundo contra los responsables del entuerto: Estados Unidos no será un país civilizado hasta que no encarcele a…
Siempre se acuerda de él cuando ve desmanes como los que se han hecho en nombre del desarrollo urbanístico, particularmente en su último itinerario sentimental. Por no ofender a los gallegos, digamos que muy pocos de ellos se esmeraron en mejorar a los alarifes que en tantos mosteiros y pazos diseminados por sus tierras demostraron durante siglos su sentido de la dignidad arquitectónica y el buen gusto por la piedra. Hablo del horror de la construcción en Galicia. Según en criterio del sheriff de la película , no habría sitio en la cárcel para todos lo que, so pretexto de crear vivienda y progreso a toda costa, han sido sus responsables. Los habrá de todas las categorías: presidentes, conselleiros, ediles, promotores, inversores inmobiliarios, arquitectos, juristas constructores… Y supongo que, entre todos, muchos corrutos, como ellos mismos dicen en ese castellano peculiar que al Duende le encanta escuchar.
Fue una pena que semejante arrebato absolutista perturbara un jornada de solaz y paz espiritual. Transcurrió esta por la Ribeira Sacra, y buscó remanso en el Mosteiro de Ferreira do Pantón, restaurado generosamente. Allí se juntan el románico, un claustro sobrio y elegante del siglo XVI y una fachada del barroco, que junto con los almendrados despachados por una hermanita cordobesa, bien merecerían la bendición del padre Bonete.
Pero la ira del sheriff le acometió al Duende cuando, buscando grandes perspectivas se llegó al Mosteiro de san Vicente del Pino, en lo más alto de Monforte de Lemos. Si paseas por el entorno y miras la noble traza del monasterio, hoy convertido en Parador, y del vecino Palacio de los Condes de Lemos, todo bien. Mas ay de ti si te quieres deleitar contemplando el valle que los circunda. Miras abajo y la estética dominante de lo construido en el casco urbano en los últimos tiempos es un mosaico de adefesios. ¿Quiénes habrán permitido tanto desafuero urbanístico? Para ser coherente con el respeto que merece esa zona monumental, habría que poner en sus miradores una pantalla que velara el horizonte más cercano y redimiera la vista llevándola a donde aún no ha llegado el cemento. Es un remedio para no mortificarse y no cabrearse tanto.
Menos mal que nos estiramos hasta Sobrado de los Monjes, ya en La Coruña. Ahí además de sosiego, el Duende halló entre los monjes que cantaron las vísperas a un compañero de colegio excepcional. Un hombre que, no contento con ser misionero en Camerún durante veinticinco años, se ha recluido entre estos muros para mejorar sus notas. Julio Wais escucha la radio desde su celda, y conocía al Duende sin sospechar que esas voces de mentirijillas que aliviaban su aislamiento venían de un colega de la infancia. Junto con Manolo Gasset y Tatala, que me llevaron a él, se nos fue la media hora de conversación entre risas y evocaciones. Y no le dio tiempo al Duende para pedirle perdón por haber deseado el mal a los corrutores del paisaje y, de paso, también por haber abusado de la paciencia eclesiástica con el padre Bonete. Que fray Julio se apiade de este Duende pecador. Amen.
Via: elduendelaradio.com